Tres tapas y un destino

  Hacia finales de septiembre hicimos una pequeña escapada al País Vasco, soy una apasionada de los paisajes bucólicos que evocan otras épocas...

 
  Nos alojamos en Hondarribia, esta población está situada a unos 20 km de San Sebastián, al extremo oeste de la cordillera Pirenaica, a caballo entre Guipúzcoa y Francia, donde el río Bidasoa crea una bahía que hace a la vez de frontera natural. Si te sitúas en el embarcadero y miras al horizonte divisas Hendaia (Francia)
 
 
 
 
  Hondarribia es para perderte en ella y dar interminables paseos por sus calles, donde cada rincón es mágico y está salpicado de historia. Como villa medieval que fuera, conserva parte de su muralla, el castillo de Carlos V, es actualmente un parador, situado en el punto más alto del casco histórico, pero no os asustéis, hay más lugares donde descansar, en el mismo casco antiguo está el hotel Obispo, os recomiendo que paséis por el enlace que dejo porque vale la pena abandonarse a la contemplación.
 
 
 
 
  Como no podía ser de otra manera hicimos ruta y como era de obligado cumplimiento visitamos San Sebastian, andamos por sus calles y bordeamos la costa hasta llegar a la playa de la concha, donde los más atrevidos se dieron un baño. Coincidimos con el festival de cine, de gran importancia mediática, pero no me preguntéis si tropecé con algún famoso, de haberlo hecho la experiencia se habría evaporado de mi memoria, pues no admiro a nadie lo suficiente como para que un encuentro fugaz se convierta en algo relevante.
 
 
 
 
   Fueron unos días muy intensos en los que no paramos, en concreto el día que nos ocupa fue especialmente agotador, pero sin duda la oferta gastronómica de la ciudad recompensaría tanto dolor de pies.
 
 
 
 
  Iniciamos el ágape en una sidrería, google nos llevó a la sidrería San Bartolomé, qué bien nos trataron y qué bien comimos... Nos encantó servirnos la sidra nosotros mismos, incluso las niñas disfrutaron escanciando el mosto. Para compensar la caminata idee un juego que consistía en averiguar y retener cierto número de palabras en Euskera con la ayuda del entorno, pero he de decir que en este local no solo ampliaron vocabulario oral, también su ortografía gracias al camarero que se animó con las pequeñas y atendió todas sus peticiones.
 
 
  

    Al caer la tarde nos colamos por las callejuelas del casco antiguo, uno de los lugares más concurridos de Donosti, sus calles están plagadas de bares de pintxos y hay una gran animación en ellas, lo más recomendable es ir de local en local y hacer un "tastet" en cada uno de ellos.
 
 
  Las largas barras se inundan de platos de llamativos colores y sorprendente sabores, esto,  acompañado de un vino de la tierra es manjar de dioses.
 
    Y por las calles de todos los pueblos por los que pasamos, vida, tumulto y conversaciones a pie de vía, ambiente festivo clausurando septiembre.
 
Esta imagen está desenfocada para salvaguardar la identidad de las personas que en ella se encuentran
 
 

 
 
Visitamos algunos lugares más, bonitos todos ellos, pero sin dudarlo un instante si tengo que elegir repetir destino, Hondarribia es sin duda el elegido, si tenéis oportunidad acercaros, os enamorará.
 
En definitiva, un viaje para que se detenga el tiempo, lástima que éste nunca deja de correr...
 
 
 
Las tres tapas, pintxos o montaditos
 
  

 
  En recuerdo de las tierras Vascas y en honor de nuestros queridos amigos Sonia y Toni que nos acompañaron y guiaron en el viaje, hoy traigo unos montaditos muy sencillos y rápidos.
 


 Revuelto de bolets de temporada, pasar por una sartén los bolets hasta que pierdan el agua, salpimentar, añadir un ajo muy picado y perejil igualmente muy picado (yo los compro congelados y en forma de mini cubitos), cuando hayan tomado tono agregar un huevo semibatido a la mezcla y remover, servir caliente sobre una llesca de pan, y rociar de alioli o una mayonesa casera con ajo. Otra variante sería añadirle unas puntas de esparrago antes de agregar el huevo.

 
 
Morcilla de Burgos con queso de cabra y reducción de miel, en una sartén con un poquito de aceite doramos una rodaja de tomate, retiramos y ponemos la morcilla a fuego suave hasta que esté hecha, luego montamos sobre el pan disponiendo primero el tomate y seguidamente la morcilla sobre la que pondremos un poco de queso de cabra y llevaremos al horno hasta que este se vuelva cremoso. En un cazo calentamos unas cucharadas de reducción de Pedro Ximenez junto a un chorrito de miel y bañamos con la mezcla el montadito antes de servir.
 
 
Butifarra entre panceta sobre cama de alioli, envolvemos una butifarra pequeña o la mitad de una grande, con bacon y doramos en la sartén hasta que esté hecha en su interior, después la colocamos sobre una buena ración de alioli o mayonesa con ajo y servimos.
 
 Todos estos montaditos, salvo algunas variaciones, son del libro "montaditos" de Mikel Iribarren, y este post que lleva esperando en la cola, una oda a esta tierra y sus tradiciones.
  
¡Hasta la próxima "domingoterapia"!
 
 
 
 
 
 

1 comentario:

  1. Me encanta tu blog, tienes un regalito en el mío ^^

    http://ninicocinera.blogspot.com.es/2013/02/feliz-san-valentin-red-velvet-y-premio.html

    Besotes,

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"Cuánto me alegro de que pintes conmigo en blanco y negro graffitis en los muros del planeta y, si falta un color en mi paleta ReGaLaMeLo tu"